David Pablos

El baile de los 41: Una historia que tenía que ser contada

 

1. Para David Pablos, ¿quién es David Pablos?, ¿qué lo representa como ser humano?

Ante todo: la curiosidad, la inquietud, el interés, la empatía. Mi trabajo demuestra eso, hago lo que hago porque genuinamente me interesa el otro, porque me interesa escuchar, porque me interesa detenerme a ver. Ante todo, soy un ser curioso.

2. ¿Cómo te iniciaste en el mundo del séptimo arte?

Yo estudié cine. Fui al Centro de Capacitación Cinematográfica. Tenía muy claro -desde que era un niño-, que quería hacer cine, lo que no tenía muy claro era cómo. Yo pensaba que la única manera de hacer cine era actuando y fue hasta los 13-14 años que descubro que realmente hay todo un equipo de gente -que planean- detrás de cámara, y entendí cuál era la figura el director, que era, digamos, la cabeza, es la persona que lleva “la voz cantante”, y en ese momento me quedó claro que quería estar en ese lugar. Desde niño, no solo era el cine, me encantaba contar historias y creo que mi deseo viene de ahí, de un deseo de contar historias. 

3. Cuéntanos sobre tus proyectos, ¿cuáles son los que más te han marcado y por qué?

Definitivamente cada proyecto que he hecho me ha marcado enormemente. Cada película decido hacerla por alguna razón específica que, por lo general, se relaciona conmigo en un nivel profundo, en un nivel personal. No encuentro otra manera en la que pueda o quiera trabajar. Si hablo de cada proyecto, de cómo me marcó cada uno, lo hicieron de maneras distintas; cada uno tocó fibras muy sensibles.

Pienso en mi corto de titulación de la escuela de cine: La canción de los niños muertos; para mí esa es quizá la historia no más personal, pero sí la más directamente personal, con la que más me podría relacionar de una manera obvia. Es una película que habla sobre mi relación con mi padre y con mi hermano; está puesta en pantalla de una manera contundente, sin filtros. Puse a actuar a mi propio padre en una película que además habla sobre la relación de padre e hijos y que es una película dura, una película -lo dije en su momento y lo sigo pensando-, que fue una gran catarsis por haberla filmado con mi padre como uno los personajes principales, eso hizo una importante diferencia en nuestra relación.

Luego vino mi ópera prima: La vida después que también mueve fibras personales respecto a la familia. Las elegidas también es una película muy personal, aunque en esta ocasión la historia, como tal, no tenga nada que ver de manera tan obvia con mi propia vida. Es una película que por primera vez me hizo conectar con temas que son ajenos a mí, pero que encuentro claves; encontré momentos personales que pude poner en los otros. Es una película que resultó dolorosa, en algún momento, por las historias mismas que retraté; es una película que me abrió los ojos de muchas maneras.

Y El baile de los 41 es una película muy importante también, por lo que representa en términos de visibilidad y por cómo algo de mí, algo de lo que soy, también está puesto en esta película; es hablar de mí mismo. Al asumir mi preferencia sexual, es hablar de cosas que me han marcado y, en algún momento, esta película también removió algunas heridas que yo creía ya resueltas.

Cada proyecto viene, de maneras distintas, a tocar una parte de tu vida y a hacerte mover.

4. ¿Qué te motivó para retomar El baile de los 41 y convertirlo en una película? ¿Por qué?

Para mí es muy sencillo, tiene que ver con lo que representa esa historia para la comunidad LGBT+. Tiene que ver con una deuda histórica, con un momento fundamental para la representación, que aunque en su momento fue motivo de burla, eventualmente se volvió un acto de visibilidad. Para mí era importante retomar esa historia para contarla desde otro ángulo y para dignificar a los personajes. Por otro lado, ya lo dije un poco hace un momento, la importancia de la visibilidad, la importancia de que se hable y de que se expongan nuestras historias desde otros ángulos.

5. ¿Consideras que el “escándalo” de El baile de los 41 contribuyó a la aceptación social de la comunidad gay años más tarde?

Ese momento es un parteaguas. Se ha dicho mucho: El baile de los 41 representa la mediatización de la homosexualidad en México; en ese sentido es fundamental pues marca un precedente y, a partir de eso, sí que empieza a haber otro tipo de conciencia. A partir de eso, sí que se puede empezar a hablar de una, digamos, organización a mayor escala. El escándalo, como tal, se ha reinterpretado y ha sido utilizado como un estandarte, pero ha sido un proceso largo y han pasado muchos años para que pudiera voltearse a ver este momento histórico desde otra arista.

6. ¿Cómo fue que se documentaron para lograr la ambientación y los personajes?, ¿qué tan difícil fue investigar sobre los espacios sociales para los homosexuales de esa época?

Gran parte de la investigación fue a partir de libros, ensayos, documentos históricos, voltear mucho a ver archivos fotográficos, pinturas, estudiar también cine y, en su momento, hablar con historiadores. Ahora, es curioso cómo hay tan poca información sobre la homosexualidad en el México de esos años, prácticamente no hay, no sabemos nada. Podemos irnos más hacia el pasado y encontrar historias que vienen de la Colonia, pero no del Porfiriato. Entonces lo que hicimos fue voltear hacia otros países, ver lo que estaba sucediendo en Europa, donde sí hay registros importantes; está el caso de Oscar Wilde y sus juicios; hay referentes importantes que tomamos como base no solo para la escritura del guión, sino para la representación de estos personajes en pantalla. Hay archivos fotográficos sobre hombres homosexuales en la época. Básicamente fue eso, tomar lo que se sabía que había ocurrido en Europa y utilizarlo, reinterpretarlo y poner cierto contexto sobre cómo era la homosociabilidad del siglo XIX, sobre cómo los hombres homosexuales, por supuesto, habían creado códigos para poder comunicarse, entenderse. Entrar a esa parte del proceso fue fascinante porque es un mundo del que se ha hablado poco todavía y más aún en México, pero ¡vaya!, hubo que tomar referencias prestadas para reinterpretarlas aquí en México.

7. ¿Crees que ha habido un cambio real en la aceptación de la comunidad LGBT+ desde la época del porfiriato hasta nuestros días? Si la respuesta es sí, ¿cuáles consideras que son esos cambios?

Sí, claro que ha habido cambios. De  entrada, que exista la comunidad LGBT es una construcción de la segunda mitad del siglo XX; la idea del orgullo gay, como tal, es una construcción de la segunda mitad del siglo XX. Hay una visibilidad que tampoco existía en aquella época. Ha habido avances importantes en cuestión de representación, en cuestión de visibilidad. Falta un larguísimo camino por recorrer y a mí esa es la parte que más me gusta enfatizar, en todo lo que aún queda: hay muchos estados en el país que no permiten matrimonio entre personas del mismo sexo; sigue habiendo muchísima homofobia, muchísima discriminación, muchísimo prejuicio. Falta una gran visibilidad aún en el cine, en la televisión. ¡Vaya!, pienso incluso en el hecho de que hayamos podido filmar esta película El baile de los 41, hace 20 años hubiera sido impensable. Pero, insisto, queda un largo camino por recorrer. 

8. ¿Hubo alguna dificultad para que los actores heterosexuales interpretaran papeles de homosexuales de la época del porfiriato?

No, honestamente ninguna, tanto Alfonso como Emiliano son dos actores absolutamente disciplinados, entregados, empáticos, grandes compañeros. Para mí lo más importante fue crear entre ellos confianza, crear una relación de trabajo con la que se sintieran cómodos ellos dos y también conmigo. Todo consistió en hacer un trabajo de equipo, no nada más son grandes actores, son actores disciplinados, esa es la palabra que ya utilicé y me gusta. Y no solo eso, son hombres que además han hecho un trabajo importante con ellos mismos, son personas con apertura, libres de prejuicios. Lo he dicho en muchos momentos: A Alfonso Herrera le encanta jotear y lo hace muy bien. Entonces escogí muy bien quiénes iban a hacer estos personajes y, sobre todo, a un nivel humano que es lo más importante.

9. ¿Cómo se lidia con los estereotipos para no reproducirlos en el cine?, es decir, ¿cómo se logra no caer en clichés sobre cómo debe comportarse socialmente un gay o incluso cómo debe actuar y vestirse?

Es tan sencillo como mostrar la diversidad, así de simple. Sé de lo que hablo, conozco el mundo gay y, por lo tanto, lo voy a replicar de manera fidedigna en la pantalla. Se trata de traducir, ahora sí, algo que yo sé, que conozco, que veo. Se trata de reproducirlo y para reproducirlo también hay que escoger a la gente adecuada; para mí basta con eso, con escoger a la gente adecuada y hacer una réplica de lo que conozco. Al hacerlo como lo conozco, como lo percibo y como lo veo, va a ser libre de perjuicio porque además, insisto, es hablar desde adentro.

10. ¿Alguna vez te ha tocado presenciar algún acto de homofobia o discriminación por orientación sexual dentro del medio o en redes sociales?

En redes sociales está a la orden del día. En las redes sociales cualquiera puede opinar, cualquiera se siente con el derecho de decir lo primero que se le viene a la cabeza. Creo que el gran problema de las redes sociales es ese, la posibilidad de opinar sin pensar en consecuencias y sin estar bien informados. Entonces, claro que en redes sociales es muy fácil ver actos de homofobia o comentarios homofóbicos.  Ahí es donde se expresa una realidad que, a veces, puede ser ajena a nuestro entorno, a nuestro ambiente inmediato, a nuestro contexto. Por supuesto que me ha tocado verlo en redes sociales, no tanto en el medio cinematográfico como tal, debo decir que, por lo general, es un medio bastante empático. Pero por supuesto que me ha tocado verlo en las calles, por supuesto que me ha tocado verlo en la vida cotidiana. Es algo que, por desgracia, sigue estando a la orden del día. Por eso para mí ha sido y sigue siendo importante esta película: El baile de los 41.

11. ¿Cuál es el mensaje que deja El baile de los 41?

Más que un mensaje, la película invita a la reflexión, cuenta historias y retrata personajes complejos en situaciones muy específicas, situaciones que al día de hoy se siguen replicando. La película, ante todo, invita a un diálogo, cuenta una historia dignificando a cada uno de sus personajes. Aquí no se muestra a nadie como una víctima ni tampoco se presentan personajes virtuosos, son personajes con una amplia escala de grises y creo que el arte debe de provocar en ese sentido, debe provocar al espectador y generar reflexión, más que dar respuestas o mensajes digeridos. Para mí lo más valioso del cine, del arte en general, es eso: plantar una serie de dudas e inquietudes en el espectador, visibilizando, retratando a los seres humanos que están en pantalla con absoluta dignidad y creo que eso lo hace mi película.

12. Dinos el primer concepto o idea que cruce por tu mente al escuchar estas palabras:

Gay - celebración 

Puto - resignificación 

Homofobia - arcaico 

Transfobia - terrible 

Tolerancia - esencial 

Respeto - dignidad 

VIH - estigma 

Estigma - innecesario 

Familia - soporte 

Amor - vital 

Amistad - regalo 

41 - visibilidad

 

13. ¿Qué mensaje le mandarías a las personas que han vivido o se encuentran viviendo homofobia en sus vidas?

Creo que todos en la vida, en algún momento, hemos vivido algún tipo de homofobia; es casi inevitable o imposible en un país como en el que vivimos, donde hay tanto machismo, no estar expuestos a ciertos actos de violencia verbal o física o algún tipo de discriminación. Yo lo que diría es que aún hay mucha ignorancia y que hay muchas cosas que no se pueden cambiar de manera inmediata, pero lo que podemos cambiar viene a partir de uno mismo, viene a partir de la aceptación que nosotros tenemos, viene a partir de la forma en la que nosotros nos relacionamos y la forma en la que nosotros llevamos un proceso personal de vida. Para mí lo más importante ha sido eso, darme cuenta de que una cosa es la homofobia que puede haber allá afuera y otra cosa es cómo yo internalizo, cómo proceso y cómo lo digiero. De repente, para mí fue un descubrimiento darme cuenta de que yo tenía una propia homofobia internalizada y no hay nada más importante que poder verse uno mismo a los ojos y poder celebrar lo que uno es; poder expresarse. Al final, lo más importante es el trabajo con uno mismo, uno va encontrando su nicho, uno va encontrando su voz, y uno tiene la posibilidad también de cambiar su propio entorno.

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Fagazine Team 

Redacción: Lidia Vilchis y Nancy Luna

Director editorial: Diego Toledo

Fotógrafo: David Suárez 

Styling: Manu 

Grooming: Omar Taylor

Asistente de producción: Miguel Elías

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