Tras la Revolución mexicana hubo una serie de cambios en el país tanto sociales como políticos. Se habla de una ruptura con lo decimonónico para dar entrada a la modernidad, pero esta ruptura se veía venir desde finales del siglo XIX, cabe mencionar que todos los procesos de transición se dan paulatinamente.  En este sentido, podemos comenzar a hablar de los cambios sociales, específicamente, en los modelos y arquetipos femeninos. 

Hacia finales del XIX se comenzó a retratar a las llamadas “mujeres fatales” en pinturas, literatura e incluso el cine, estas mujeres en comparación con la clásica mujer frágil o la llamada “ángel del hogar”, comienzan a tener movilidad, voluptuosidad y voz, lo que provoca que se les caracterice como unas “devoradoras de hombres” y se diga de ellas que son malvadas, perversas y la perdición de los hombres, pero esto se resume al machismo, pues no es conveniente que las mujeres comiencen a pensar, a cuestionarse y a querer salir de ese retablo que, durante años, las mantuvo inmóviles. 

Foto en blanco y negro de un grupo de personas posando para una foto

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En México, la participación de muchas mujeres dentro de la lucha revolucionaria “representó para ellas la salida del encasillamiento totalitario que pretendía limitarlas a su exclusiva función de reproductoras”. Así, hacia la segunda década del nuevo siglo XX, el resto del mundo había sufrido cambios sociales, las mujeres comenzaban a tener presencia en las calles, lo que posteriormente traería grandes cambios en las leyes y reformas en todo el mundo.

 En nuestro país, hacia 1920, se desarrollaron dos arquetipos femeninos “la india bonita y la pelona eran imágenes que coexistieron durante la euforia posrevolucionaria, en ellas se condensaba […] la modernidad y la tradición”. 

Pero ¿quiénes fueron las pelonas? Las flappers o pelonas se refería a las chicas modernas, que salían de fiesta se atrevían a fumar en la calle y se identificaban por su manera de vestir y de traer el cabello, de acuerdo con la historiadora Fátima García “la moda femenina de esa época dio paso a un tipo físico en las mujeres: delgadas, atléticas, que vestían con falda o vestido y cabello corto tipo ‘à la garcone’, con collares de perlas y sombreros en la cabeza”. Estas mujeres luchaban por la liberación femenina, iban en contra de los roles y estereotipos impuestos por la sociedad, manejaban, fumaban, bebían en público, salían de fiesta y realizaban otras actividades “únicas de varones”. 

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Fueron fuertemente criticadas tanto por el estilo de vida que llevaban como por su vestimenta, pero principalmente por su corte de cabello, incluso hubo agresiones por parte de grupos de hombres hacia estas mujeres, las agredían verbal, física y hasta sexualmente por el simple hecho de traer el cabello corto. 

Cabe mencionar que no todas las mujeres eran intelectuales o comulgaban con el ideal de “liberación femenina”, muchas de ellas copiaron este estilo por moda. Sin embargo, existieron tres mujeres que sobresalieron en esta lucha social: Antonieta Rivas, Elena Arizmendi y Tina Modotti. Ellas fueron escritoras y fotógrafa, los temas sobre los que reflexionaron fueron las relaciones familiares, amorosas y “buscaban dar testimonio de su vida y dotarse de una voz”, en varios escritos para revistas y periódicos se cuestionan sobre los roles impuestos por la sociedad, el deber ser de una mujer y sus maneras de comportarse ante los demás. Tina Modotti, fotografiaba la desigualdad social en el país y las condiciones de pobreza en la que muchos mexicanos vivían. 

Foto en blanco y negro de una persona con un sombrero

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En menor o mayor medida todas estuvieron relacionadas con la política y fueron voceras del pensamiento feminista, principalmente Antonieta Rivas Mercado, quien buscaba una “mejor educación para mujeres y la búsqueda del reconocimiento intelectual entre hombres y mujeres”. Podríamos decir que las pelonas fueron las precursoras del feminismo en México, pero como siempre su lucha fue descalificada y criticada por una característica física, en este caso el cabello corto. 

 

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